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- Te vuelves loco y furioso
- siempre te sales de madre
- como torrente bravío
- que no te detiene nadie
- con ruido estremecedor
- arrastras en tu camino
- como si fueras GRAN RÍO
- lo que encuentras a tu paso
- sin esperar en tu empuje
- que contra ti prevalece
- sin freno que te domine.
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- Pones tus siniestras huellas
- en bancales y jardines
- que a ti no te pertenecen
- inundando por doquier
- tierra fértil de labor.
- Llenas de barro Masicos
- donde se guardan motores
- dejándolos en tal forma
- que sus respectivos dueños
- en arreglo y composturas
- seguro le quita el sueño.
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- Tu nombre lo dice todo
- pues te llaman “EL MEZQUÍN”
- haciendo honor a tu nombre
- siendo astuto, vil y ruin.
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- Despiertas de tarde en tarde
- de tu letargo sumido
- con reacciones violentas
- sin importarte un PEPINO
- el arrancar sin piedad
- cuando pasas por la Venta
- ajos, lechugas y berzas
- pimientos y tomateras
- que las podéis encontrar
- flotando sobre las aguas
- que sin saber donde van
- un día las podéis ver
- nadando
sobre el CIVAN.
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- Para ti no hay distinción
- entre los ricos y pobres
- de eso ya no queda nada
- te lo has llevado ya todo
- y ha sido ya reemplazado
- por un gran montón de grava
- que sudores va a costar
- en quitarlo con la pala.
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- No voy a desanimarme
- ni perderé los “Estribos”
- sólo quisiera decir
- AL SEÑOR RÍO MEZQUÍN
- no me haga más jugadas
- a este pobre labrador
- que vive mirando el cielo
- en espera que las nubes
- y el que se tiene por RÍO
- no nos traigan ya más sustos.
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